Los días pasan

El tiempo, eso tan preciado de lo que todos los humanos dependemos, de lo que todos los seres vivos somos esclavos desde que nacemos, hasta que morimos, pues el tiempo es lo único que nos acerca cada segundo más, a la muerte. De forma segura, sin opciones, no es como apuntar a nuestra cabeza un arma y amenazarnos a nosotros mismos de morir; en ese caso tendríamos opción, la opción de alejar aquella arma de nuestras cabeza. Pero en lo referido al tiempo, no tenemos esa opción, en realidad, no tenemos ninguna opción. El tiempo es nuestro asesino letal, el que no nos deja aliento, el que nos deja sufrir, el que nos deja pedir ese “último deseo” antes de que él proceda y haga su trabajo. El tiempo nunca muere, el tiempo nunca se detiene, siempre está ahí, sin importar nada más, creo que nunca en la historia de la existencia se ha podido detener el tiempo, así como también creo que aunque no quede nada, el tiempo seguirá corriendo, a el tiempo no le importa nuestro bienestar, a él tiempo sólo le importa él. Nos deja atrás, no le importamos. Así es como lentamente vemos con nuestros propios ojos, vivimos nosotros mismos, nuestra lenta y dolorosa muerte. Simplemente nos deja ventaja pero viene atrás de nosotros, la muerte no tiene la culpa, puesto que ese es su trabajo, en cambio, el tiempo es el que nos arrastra, nos persigue y nos guía a ese sendero en donde nos espera la muerte para una vez más hacer su trabajo. Siempre escucho a aquellas personas diciendo “Vive tu día como si fuese el último, pues nadie sabe lo que pasará mañana”, cuando lo escucho, no sé como sentirme, no sé si reírme, llevarle la contraria, en esos casos prefiero callar, puesto que todos los seres humanos no podemos pensar igual, y lo que yo pienso no creo que se parezca mucho a lo que una persona que dice eso piense. Es difícil decirlo, pero no, no podemos disfrutar cada día de nuestras vidas, ¿ cómo podríamos ?, si vivimos en un mundo como este, en donde reina la infelicidad y mucho más que eso, reina la hipocresía, creo que todas las personas (y no quiero generalizar) tenemos una parte infeliz, esa parte que nos conoce a fondo cada trozo de nuestras vidas, y está allí para recordarnos todas esas cosas malas que hacen que seamos infelices una vez más. Creo que a veces me canso de ser hipócrita, yo sé muy bien dentro de mi, que mi felicidad murió muchos años atrás, cuando lo único que importaba era reírte con tus amigos sin preocupación alguna, pero ese maldito y miserable tiempo nos guía y hace que todo eso tenga un límite, que llegué el día en el que eso dejará de ser nuestra total felicidad, y llene nuestras cabezas de ideas negligentes y despreciativas ante todo. Simplemente entiendo a esas personas considerada “Felices”, que pasan a ser un simple ser vivo que su única razón de vivir es la preocupación de su familia, no tienen ninguna otra razón, ¿ Por que vivir si lo que te depara la vida es más infelicidad hasta el día que mueras ?. No veo razones suficientes como para contradecir lo que digo. Apuesto que no faltará aquel que diga “sal, disfruta la vida, haz lo que más te guste”, si muy bien todos sabemos que cuando haces algo que te gusta, siempre habrá alguien que sin tu saberlo, te deseará el mal.

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